Noticias ICDA

Una visión optimista: 8 semanas después

Nuevo y contundente post de nuestro profesor, Dr. Carlos S. Baradello, fundador y Socio Gerente de ALAYA-CP y Sausalito Ventures, sobre el impacto de las decisiones que los líderes políticos al rededor del mundo han tomado en torno al Covid 19.

No creo haber entendido realmente lo que nos deparaba el futuro cuando publiqué mi blog optimista al comienzo del encierro (17 de marzo de 2020) en todos los condados del Área de la Bahía de San Francisco en el norte de California, USA.

Casi dos meses después, los problemas de salud causados por la pandemia han sido tal vez eclipsados por los costos económicos. Este impacto es abrumador, tanto en los países en vías de desarrollo como aquí en los EE. UU., y afecta a muchas familias cuyos trabajos se han evaporado o han sido suspendidos.

Por mi parte he disfrutado de un momento particularmente productivo, estimulado intelectualmente por el contacto continuo con mis socios en los diferentes negocios, mis estudiantes, y mis familiares cercanos y lejanos, y amigos con quienes no me había comunicado desde hacía mucho tiempo. En general traté de cumplir con las sugerencias de mi blog original, y personalmente el saldo neto ha sido positivo. Sin embargo, debo confesar que anhelo el contacto social de mi antigua rutina, las conversaciones en la oficina, mi aula de clase en el campus universitario, las conversaciones en el café, etc., y, por supuesto, la proximidad física con mi familia y amigos, características con raíces profundas en nuestras costumbres latinas.

A medida que se cerraron nuestros negocios y las reglas requerían que todo contacto se volviera virtual, la inercia nos guió durante las primeras semanas completando las actividades que habíamos iniciado en la oficina, o en algunos casos las abandonamos dado que resultaban inútiles en estos tiempos del coronavirus. Después de un par de semanas, la nueva realidad comenzó a revelarse. Fin de marzo se convirtió en finales de abril y ahora todo el mes de mayo. El tiempo transcurrido, nos ha dado la oportunidad de internalizar y entender mejor la decisión apresurada de encerrarnos y evaluar lo que sucedió con nuestras vidas, finanzas, trabajo y relaciones en estos últimos dos meses.

Estoy particularmente desilusionado de nuestro liderazgo político en todos los niveles, tanto nacional como internacional. Percibo una incapacidad general de ellos para comunicar claramente las condiciones que nos llevaron a entrar en este encierro en primer lugar. Además, están igualmente ausentes, criterios objetivos de salida del encierro establecidos con claridad.

Desafortunadamente, ninguna de las condiciones que podrían haber justificado la entrada y potencialmente la salida de nuestros encierros, NO se han cumplido: a) la disponibilidad de una vacuna, la que no estará disponible por un buen tiempo, b) la cura del COVID – 19, c) la garantía de que ninguna persona en un área geográfica determinada, está enferma con el virus COVID-19 y d) la disponibilidad de suficientes pruebas (test) a bajo costo, para que cualquier persona pueda ser diagnosticada, con la frecuencia que sea necesaria y en el momento que sea necesario, con resultados confiables y disponibles en pocos minutos.

Hoy, los engranajes del mundo parecen comenzar poco a poco a moverse nuevamente, motivados por imperativos económicos, sin cumplir con las condiciones identificadas anteriormente. Esto demanda una respuesta: ¿Por qué entramos en el encierro en primer lugar? En otras palabras, si entramos por criterios sanitarios, ¿no deberíamos salir porque todos los peligros sanitarios han sido sorteados? O en su defecto si salimos por imperativos económicos, ¿no deberíamos haber pesado estas consecuencias a priori, antes de apresuradamente haber entrado en el encierro?

Además, si bien los modelos matemáticos que predicen las víctimas de coronavirus cambian de rutina a medida que se cambian los supuestos, nuestro liderazgo no nos alertó de las consecuencias económicas; si bien estos modelos económicos son abundantes y mucho más precisos. Las consecuencias, superaron nuestras preocupaciones más odiosas, a medidas que absorbimos los titulares de los distintos medios de comunicación, anunciando cifras de desempleo, cierres de empresas y quiebras, etc.

Sin duda estoy muy molesto sobre el tipo de liderazgo reactivo (inaceptable en el sector empresarial) con una ausencia total de comunicación transparente que reconozca lo que se sabe y lo que se desconoce. Igualmente, ausente fue el reconocimiento honesto del legado que tendrán los billones de dólares en paquetes de rescate del gobierno: un déficit fiscal cada vez mayor y un enorme costo para las generaciones venideras. El daño económico es solo uno de muchos. McKinsey informó recientemente que en 191 países las escuelas están cerradas, lo que afecta la educación de la generación futura de 1.6B de niños. Algunos han continuado su educación virtualmente con resultados desiguales, ya que los resultados del aprendizaje dependen no solo del acceso a la tecnología sino también de la capacidad de los maestros para reutilizar su material educativo en el aula virtual atendiendo a la realidad de nuestros niños, que entre otras cosas incluye un déficit de atención cada vez mayor.

La clase política actual no pagará grandes consecuencias personales por su incompetencia. Muchos de ellos, en el peor de los casos no serán reelectos a sus posiciones, y se verán obligados a beneficiarse económicamente escribiendo memorias “chismosas “y uniéndose al circuito de conferencistas con honorarios jugosos o convirtiéndose en líderes de opinión en alguna de las redes de noticias. Para el resto de nosotros, el sector privado tendrá que lidiar con las consecuencias económicas y los hogares tendrán que lidiar con la devastación financiera y los eventuales problemas de salud enormemente afectados por el COVID-19.

¡SI!, no hemos sobrecargado la mayoría de nuestros hospitales, ya que el encierro disminuyó (temporariamente) la tasa de propagación del virus. Pero esto no fue libre de impacto, ya que muchas instalaciones de atención médica quedaron infrautilizadas, impactando el acceso a otros pacientes necesitados, a los que se les negó el acceso postergando los servicios tan necesarios para privilegiar a los posibles pacientes con coronavirus. Mientras tanto, el daño económico de cerrar la economía nacional (y global) que nos impusimos es comparable al de la Gran Depresión de 1929 o peor, y sus beneficios netos para la salud siguen siendo muy cuestionables. Además, algunos predicen que se espera un segundo o tercer pico de COVID-19 para fines de este año o principios del próximo.

La historia reevaluará una y otra vez en años futuros lo que sucedió exactamente en el planeta Tierra durante el primer y segundo trimestre del 2020. Creo que algunos historiadores estarán de acuerdo con mi perspectiva de que este fue un período dominado por la arrogancia de la humanidad (en particular, aquellos en posición de liderazgo), alimentada por el sentimiento de invencibilidad, que eligió no prepararse para una pandemia anunciada. Los líderes mundiales, demasiado preocupados por sus propios intereses personales y ganancias a corto plazo, se olvidaron de su propósito fundamental de ser “sirvientes” de sus ciudadanos, y sucumbiendo a la pereza intelectual para mirar más allá del horizonte. También sucumbieron a la influencia desmedida del ciclo continuo de noticias, produciendo un comportamiento de rebaño; corriendo una carrera en descenso ya que nadie quería quedarse atrás y permanecer con una economía abierta. El resultado final, en la ausencia de quien confiar, fue que el miedo a lo desconocido dominó nuestros espíritus, y nos convertimos en víctimas perfectas de nosotros mismos.

Ya es hora de que recuperemos nuestro papel de protagonista, de ser dueños de nuestra propia historia y artífices de nuestro propio destino. Probablemente esto requerirá que reconsideremos el valor de un liderazgo que trascienda el ego de los ejecutivos de gobierno y que centre todos sus esfuerzos en las necesidades de los demás y las generaciones futuras.

De una cosa estoy seguro: con lo difícil que resulta para los seres humanos cambiar sus comportamientos, hemos producido más de una década de cambios en menos de 10 semanas. Del mismo modo, estoy mucho menos seguro, sobre nuestra disponibilidad a pagar el costo de este experimento global. Las facturas por los daños provocados se computarán en los meses y años venideros, y a medida que se venzan, ¡muchas no se pagarán!

Hasta que nuestros caminos se crucen de nuevo amigo!

«La formación de hombres de ciencia, conciencia y compromiso constituye la misión de la Universidad Católica de Córdoba, misión que se inspira en el ideal ignaciano de superar constantemente los niveles de excelencia»