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Marketing, Responsabilidad Social y Pobreza

Disertación doctoral del Dr. Carlo María Gallucci Calabrese, al recibir el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Católica de Córdoba.

 

Tras recibir la comunicación de la concesión del Doctorado Honoris Causa, comencé a pensar en el tema que podría tratar en este discurso.

Hace muchos años que soy catedrático de marketing por la Universidad Ramon Llull en ESADE, y a esta disciplina he dedicado toda mi vida académica. Por ello, de manera espontánea, no es de extrañar que decidiera explorar varias alternativas relacionadas con el marketing.

Al ser ésta una disciplina de facto poco conocida por el gran público, que a menudo la identifica sólo con algunas partes que la componen como, por ejemplo, las ventas o la publicidad, y a veces llega a ser receptora de calificativos despectivos, o hasta negativos, decidí escribir sobre qué es en realidad el marketing y su relación necesaria con la Responsabilidad Social y la pobreza.

¿Qué es el marketing?

Existen varias definiciones al respecto.

Según la Real Academia Española es un:

“Conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda. Estudio de los procedimientos y recursos tendentes a este fin”.

Según Wikipedia es:

“El arte o ciencia de satisfacer las necesidades de los clientes y obtener ganancias al mismo tiempo”.

Según Philip Kotler (uno de los padres del marketing moderno) es:

“El proceso social y administrativo por el cual los grupos e individuos satisfacen sus necesidades al crear e intercambiar bienes y servicios”.

Para la American Marketing Association:

“El marketing es una función de la organización y un conjunto de procesos para crear, comunicar y entregar valor a los clientes, y para manejar las relaciones con estos últimos, de manera que beneficien a toda la organización”.

Si nos basamos en lo más significativo de las definiciones citadas, se puede afirmar que el marketing es una función del Management que sirve a la organización para detectar y, a ser posible, anticipar, los deseos, las necesidades y los problemas de los clientes, actuales y potenciales, con el fin de ofrecerles soluciones que permitan establecer con ellos una relación sostenible en el tiempo. De esta manera, los clientes satisfechos aportarán los beneficios necesarios para la organización.

El marketing tiene tres dimensiones:

Una dimensión cultural (una filosofía de negocios), una dimensión de análisis (el cerebro estratégico) y una dimensión de acción (el brazo comercial). No obstante, muy frecuentemente, la tendencia es a reducir el marketing sólo a su dimensión de acción (que conocemos como marketing operativo) y a subestimar su dimensión analítica (que es el marketing estratégico).

A pesar de este malentendido, la teoría o ideología que subyace del marketing es totalmente diferente. Su filosofía esencial descansa, en realidad, en una teoría de elección individual que se da a través del principio de soberanía del consumidor. Una idea que no es novedosa, puesto que ya fue expresada por el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones sobre filosofía estoica (160 d. C.). Decía Marco Aurelio: “si sirves a los otros, te sirves a ti mismo”. En este marco, el proceso de marketing no es más que la expresión social de los principios defendidos por los economistas clásicos en el siglo XVIII, y traducidos en reglas operativas de gestión. Estos principios, expuestos por Adam Smith (1776), forman los cimientos de la economía de mercado y pueden ser resumidos como sigue:

El bienestar de la sociedad es el resultado no tanto del comportamiento altruista, sino de la combinación, a través del intercambio voluntario y competitivo, de los intereses propios del comprador y del vendedor.

Partiendo del principio de que la persecución del interés personal es una tendencia constante en la mayoría de los seres humanos —lo cual puede ser moralmente lamentable, pero sigue siendo una verdad—, Adam Smith sugirió aceptar a las personas como son, pero desarrollando un sistema que haría que los individuos egocéntricos contribuyeran al bien común a pesar de sí mismos. Ese es, entonces, el sistema del intercambio voluntario y competitivo, basado en la persecución egoísta de los intereses personales que, finalmente, acaban sirviendo a los intereses de todos. Tales ideas han sido desarrolladas y puestas en marcha en la gestión por autores tales como Chamberlin (1933), Drucker (1954), Abbot (1955), Alderson (1957), McKitterick (1957), Felton (1959), Howard y Sheth (1969) y Kotler (1967/2005), que son algunos de los principales padres fundadores del marketing actual.

En la economía moderna este principio básico ha sido corregido atendiendo a la solidaridad social y a cuestiones sociales, y sigue siendo el principio que inspira la actividad de una empresa exitosa que opera en un mercado competitivo, pero regulado. De hecho, hoy en día resulta más claro que nunca que aquellos países que rechazaron las ideas de Adam Smith fueron descubriendo que su decisión provocó su retraso económico y de bienestar social. La turbulencia en la Europa del Este y el crecimiento de economías como, por ejemplo, las de India y China, que han adoptado el sistema de economía de mercado a través de la desregulación y la privatización, da una clara ilustración de ello.

En la raíz de la economía de mercado, encontramos cuatro ideas centrales que parecen simples, pero tienen serias implicaciones sobre el acercamiento filosófico al mercado:

1. Los individuos se esfuerzan para obtener experiencias gratificantes: es la persecución del propio interés lo que les lleva a producir y a trabajar. Esta búsqueda es el motor del crecimiento, del desarrollo individual, y lo que eventualmente provoca el bienestar de todos.

2. La elección individual determina lo que es gratificante. Esto varía de acuerdo a los gustos, la cultura, los valores y demás. Más allá de respetar las reglas éticas, morales y sociales impuestas por la sociedad, no hay otro juicio implicado más allá del valor o la trivialidad de esta elección, o lo que puede ser considerado como “verdadero” o “falso”. El sistema es pluralista y respeta la diversidad de gustos y preferencias.

3. Es a través del intercambio libre y competitivo de los individuos y de las organizaciones que se podrán lograr los objetivos de la mejor manera. Cuando el intercambio es libre, sólo se hace presente si genera utilidad para las dos partes: cuando es competitivo, el riesgo de que los productores abusen del poder del mercado se ve limitado (Friedman y Friedman, 1980).

4. Los mecanismos de la economía de mercado están basados en el principio de libertad individual, y más particularmente en el principio de soberanía del consumidor. La base moral del sistema descansa sobre el reconocimiento del hecho de que los individuos son responsables de sus propias acciones y pueden decidir lo que es y lo que no es bueno para ellos.

Esta es la ideología sobre la cual se basa el marketing. Uno puede imaginar que puede haber una gran distancia entre lo que el marketing dice ser y lo que es en realidad. Muchos errores vienen enseguida a la mente. Sin embargo, la empresa exitosa debe perseguir el ideal de la gestión orientada al mercado. Puede ser un mito (como la democracia), pero es un mito funcional, que debe guiar continuamente las actividades de la empresa

¿Cuáles son los campos del marketing

Las áreas del marketing pueden subdividirse en tres campos principales:

1. Marketing de consumidor (B2C: business to consumer), donde las transacciones son realizadas entre compañías y consumidores finales.

2. Marketing de empresa a empresa (B2B: business to business), donde las dos partes en el proceso de intercambio son organizaciones.

3. Marketing social, que cubre el campo de la actividad de las organizaciones sin fines de lucro como museos, universidades etc.

Cualquiera sea su campo de aplicación, el marketing debe tener como meta principal la satisfacción de las necesidades de los clientes, que es la mejor manera de alcanzar sus propios objetivos de crecimiento y de rentabilidad. Por tanto, no es altruismo, sino es el propio interés de la organización lo que dicta esta forma de actuar.

Las dos caras del proceso de marketing

La aplicación de esta filosofía de acción asume un acercamiento doble por parte de la empresa: la dimensión estratégica y la operativa.

1. Los objetivos del marketing estratégico incluyen habitualmente un análisis sistemático y continuo de las necesidades y requerimientos de los grupos clave de clientes, y el diseño y producción de una línea de productos o servicios que permitirán a la compañía servir a los grupos elegidos, o segmentos, de manera más eficiente que sus competidores. Al atender estos objetivos, la empresa se asegura una ventaja competitiva sostenible.

2. La función del marketing operativo involucra la organización de las políticas de distribución, ventas y comunicación para informar a los compradores potenciales y promocionar las cualidades distintivas del producto mientras reduce los costos de información.

Estos objetivos, que son complementarios entre sí, son puestos en práctica por la política de marca de la empresa, que es un instrumento clave para la aplicación del concepto de orientación al mercado en una economía de mercado. Proponemos, entonces, la siguiente definición del proceso de marketing:

En una economía de mercado, la función de la gestión orientada al mercado (market-driven management) es el de diseñar, comunicar y entregar soluciones de valor añadido para los problemas, deseos o necesidades de las personas y de las organizaciones, lo que a la larga reportará un beneficio a la empresa.

El término diseñar se refiere al marketing estratégico, y los términos comunicar y entregar al marketing operativo; por soluciones de valor añadido nos referimos a productos o servicios que satisfagan las necesidades de los clientes (manifiestas o latentes) de una mejor manera que los productos de sus competidores.

Valores y conceptos emergentes en la gestión orientada al mercado

En el siglo veintiuno, tres cambios evolutivos principales han tenido y seguirán teniendo un profundo impacto en el funcionamiento de los mercados:

a) la globalización de la economía mundial; b) la integración del comercio electrónico en nuestras vidas privadas y profesionales; y c) el surgimiento de nuevos valores que promueven un modelo de economía de mercado que apunta a un desarrollo sostenible.

Estos tres cambios evolutivos no son en verdad nuevos. Pero los eventos disruptivos del período 2000-2017 han acentuado dramáticamente su impacto estratégico.

Afirmación del poder de la sociedad civil

En los países que alcanzan altos niveles de desarrollo, estando mejor educados y expuestos a la cultura consumista, las personas representan una fuerza de ciudadanos-consumidores responsables que las empresas y las autoridades públicas ya no pueden ignorar.

Seis actitudes caracterizan a este nuevo consumidor.

1. Sensación de poder. Los consumidores actúan en los mercados donde la oferta es abundante, las marcas proliferan, la competencia por la lealtad del cliente es intensa y las fuentes de información son numerosas.

2. Comportamiento de compra profesional. Estando bien educados y con mucha experiencia, los consumidores son compradores inteligentes, capaces de realizar una comparación entre las diferentes marcas, tiendas, publicidades y las recomendaciones de los vendedores. Se han vuelto gradualmente más discriminadores en su demanda de servicios personalizados y desean una información completa sobre sus compras. De consumidores pasivos, se han vuelto más activos o “consumiactores”.

3. Relación entre satisfacción, deleite y lealtad. El nuevo consumidor hace responsable a la empresa en caso de insatisfacción. Por lo tanto, un consumidor insatisfecho es un cliente perdido, un efecto muy negativo en mercados de crecimiento nulo, donde remplazar un cliente perdido por uno nuevo es particularmente difícil y costoso. Además, los resultados de varias investigaciones demuestran que limitarse a brindar lo que se espera ya no es suficiente para mantener al cliente fiel. El objetivo debería ser ofrecer más de lo esperado, para tener consumidores deleitados.

4. Búsqueda de nuevos valores. En ciertos países, la prosperidad económica y el consumo masivo han elevado las aspiraciones de los consumidores desde las necesidades materialistas hacia la búsqueda de nuevos valores. Inicialmente, miraban principalmente el confort y la seguridad, pero hoy en día buscan cada vez más la estimulación, el placer, el cambio, la innovación, la sorpresa.

5. Necesidad de diálogo. Los clientes están representados por organizaciones de consumidores y organizaciones sin fines de lucro (ONGs) muy poderosas. También es significativa la creciente influencia de los grupos ecologistas, los activistas por los derechos humanos, los grupos de trabajo y grupos religiosos, y un conjunto de otras organizaciones que constituyen colectivamente la “sociedad civil”.

6. Consumo ético. Por otro lado, los consumidores buscan cada vez más un consumo ético y no quieren tener sentimientos de culpa por sus compras, ni por la publicidad asociada a sus marcas. Compran y utilizan los productos y las marcas que tienen un precio aceptable y buenos niveles de calidad, pero también marcas que respeten criterios éticos tales como la frescura de los productos, una práctica humana y social por parte de la empresa, su compromiso político y estratégico etc.

Este creciente poder de los ciudadanos genera nuevas expectativas que contribuyen de manera directa a mejorar el funcionamiento y la transparencia del mercado: libertad de elección, mejor información, presión sobre los precios, seguridad de los productos, responsabilidad de post-venta por parte de los fabricantes y productos ecológicamente amigables.

También constituye un fuerte poder que contrarresta el de las empresas, e incluso el poder de las autoridades públicas. Se están desarrollando relaciones nuevas y más responsables entre los consumidores y el mundo de la industria, lo cual desafía el estereotipo de un consumidor manipulado e indefenso.

Surgimiento de nuevos valores

Nuestra era se caracteriza por ciertas paradojas (de Woot, 2005).

Nuestra capacidad de producir riqueza no ha sido jamás tan grande, y al mismo tiempo, las inequidades en el mundo no han sido jamás tan profundas. El extraordinario dinamismo de la economía de mercado coexiste con la pobreza de la mitad de la población. La tendencia económica se dirige hacia la globalización, mientras que las políticas siguen teniendo un carácter nacional. El entorno se deteriora mientras que el conocimiento científico, el saber hacer técnico y la riqueza acumulada podrían proteger al planeta.

Esta situación, producto de una compleja acumulación extrema de factores, afecta a las empresas y las obliga a repensar sus responsabilidades hacia la sociedad y a considerar la economía de mercado con sus fortalezas, pero también con sus debilidades y sus fallos. Hoy, muchas voces se levantan para apoyar la idea de un desarrollo sostenible y lo que es conocido como el enfoque de los grupos de interés (stakeholders) en la gestión.

Debate entre “accionistas” versus “grupos de interés”

Desde mediados de la década de los ´80 hemos sido testigos de una creciente atención dada al valor de los grupos de interés. El tradicional enfoque del accionista del premio Nobel Milton Friedman (1970) sostiene que el propósito de los negocios es aumentar los beneficios o el valor del accionista. El principal argumento para sostener esta visión es bastante claro: si los directivos no reconocen la primacía de los accionistas, habrá menores rendimientos para ellos y, por lo tanto, menores motivaciones para los potenciales inversores, menor actividad y mayor desempleo.

Por otro lado, el enfoque de los grupos de interés establece que la empresa es responsable de y debería trabajar para el beneficio de sus stakeholders.

¿Quiénes constituyen estos grupos de interés? Una definición aceptada popularmente sostiene que los grupos de interés son cualquier individuo o grupo que puede afectar o ser afectado por los objetivos de la organización: empleados, clientes, proveedores, la comunidad local y el entorno.

A primera vista, pareciera que resulta difícil para ambos enfoques coexistir en armonía dentro de una misma economía. El argumento para apoyar el enfoque de los grupos de interés tiene, sin embargo, su propio sostén: aunque las necesidades de los accionistas estén satisfechas, si no se presta atención a los grupos de interés, habrá un efecto adverso en el rendimiento de la empresa y, por lo tanto, en los beneficios de los propios accionistas.

La idea de que satisfacer las necesidades de todos aquellos que tienen algún interés en el negocio puede producir mayores beneficios tiene un atractivo obvio.

Adopción de una visión socio-ecológica del consumo

El movimiento medio-ambiental y la visión socio-ecológica del consumo reflejan una nueva conciencia sobre la escasez de los recursos naturales, el crecimiento descontrolado de los desperdicios y el costo social del consumo.

La nueva conciencia sobre la escasez de recursos refleja un cambio de actitud hacia el consumo como algo que ya no es visto como un fin en sí mismo, sino que deben considerarse tanto sus implicaciones positivas (costo de oportunidad), como las negativas (costos de prevención y reparación). La globalización está diseminando positivamente esta nueva cultura a medida que los mercados se vuelven más interdependientes y que las actividades de provisión y producción se extienden alrededor del planeta.

El argumento básico del ecologismo es el de ponerle un precio al uso del entorno, que hasta hace poco se consideraba un “bien gratuito”.

El inventario del ciclo de vida es la herramienta básica que utilizan los ecologistas y a través de ésta se evalúa el impacto ambiental de un producto “desde la cuna hasta la tumba”:

El inventario del ciclo de vida es un proceso que cuantifica el uso de la energía y de los recursos, y de la emisión al entorno asociada con un producto durante todo su ciclo vital. Da cuenta del impacto ambiental de la provisión de materias primas, la fabricación y la producción, el embalaje, la distribución y las características de utilización, hasta el desecho.

La preocupación por el medio ambiente proviene del mercado y es la expresión de nuevas necesidades dentro de la sociedad. No es una moda pasajera ni una tendencia de protesta. Es un modo de vida que se ha expandido rápidamente entre todos los niveles de la sociedad y alrededor del mundo. Esta preponderancia de las necesidades colectivas sobre las necesidades individuales es un nuevo fenómeno ecológico y representa una revisión de las formas más salvajes del capitalismo.

Hasta hace poco, tal concienciación ecológica podía ser vista como una preocupación limitada a las economías industrializadas, pero la interdependencia de los mercados provocada por la globalización, la ha modificado. También explica por qué las nuevas normas ambientales están en el corazón de las negociaciones comerciales internacionales, aunque los intentos de la Unión Europea de imponer estándares más altos sean muchas veces considerados como un obstáculo al libre comercio por parte de los Estados Unidos, y como una forma disfrazada de proteccionismo por parte de los países en desarrollo.

Objetivo de eco-eficiencia

La visión socio-ecológica del consumo induce a las empresas a mejorar su “eco-eficiencia”, es decir, a aumentar el volumen de producción por unidad de recurso natural. Este objetivo se puede alcanzar aplicando a los recursos naturales el principio adoptado por Henry Ford durante los años ‘20 en la utilización de los recursos humanos: “hacer más con menos”.

Todos los especialistas coinciden: el potencial de mejora de la eco-eficiencia de la mayoría de los productos es enorme (a través de la des-carbonización, des-materialización, la reducción de desperdicios y de la contaminación etc.). Además de ser beneficioso para el entorno, mejorar la eco-eficiencia tiene un impacto positivo sobre la rentabilidad de la empresa, creando, así, una situación de ganar-ganar (win-win, en su versión inglesa), en la que se obtienen beneficios tanto por parte del entorno como por parte de la economía.

Por último, pero no menos importante, la imagen de una empresa con una buena reputación ecológica se está transformando en un argumento cada vez más fuerte para crear lealtad entre los clientes, empleados y accionistas.

La responsabilidad social corporativa

Las compañías están aceptando el concepto de responsabilidad social corporativa (RSC), y los escándalos financieros de varias empresas han contribuido a reforzar esta tendencia. Las razones de la adopción de esta filosofía de negocios a nivel corporativo pueden resumirse como sigue:

• Cualquier empresa necesita un entorno saludable y próspero para alcanzar sus objetivos de desarrollo. El progreso económico no puede construirse sobre un problema social.

• Un sistema económico global bajo el cual la mitad de la humanidad se encuentra excluida no es viable políticamente, ni aceptable moralmente.

• El Estado de Bienestar y las soluciones fiscales y sociales que implica han alcanzado claramente sus límites, tanto en sus fundamentos cualitativos como financieros.

• Más que pagar mayores impuestos, la sociedad civil debería despertar y comprometerse en favor del bien común.

La compañía responsable sabe que tiene un compromiso con la sociedad y no sólo con sus accionistas. Se trata de una organización que desea establecer una relación sostenible y de largo plazo con la comunidad en la que vive, y de la cual obtiene su prosperidad.

En la nueva economía global, el comportamiento ético, que consiste en “hacerlo bien (financieramente) al hacer el bien (socialmente)”, no sólo es compatible con el objetivo del capitalismo moderno, como lo evidencia el éxito de las fundaciones éticas, sino que también representa una ventaja competitiva al satisfacer una demanda del mercado. Nuevamente, la interdependencia de los mercados creada por la globalización puede ayudar a asegurar que estos nuevos estándares de comportamiento se transformen en un imperativo para cualquier empresa que tenga la ambición de transformarse en un jugador del mercado global.

Esta filosofía de gestión responsable está ganando siempre más aceptación en Europa dentro de la comunidad empresarial, como evidencia la proliferación de los códigos de conducta, la creciente adopción de los sistemas de información de la Triple Línea Mínima (Triple Bottom Line), la orden de Responsabilidad Humana sugerida por la Alianza por un mundo responsable, los esfuerzos de Transparencia Internacional, la convención antisoborno de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica etc. La Triple Línea Mínima representa la idea de que los negocios deben dar cuenta de su rendimiento económico, ambiental y social, e intentar satisfacer a sus grupos de interés en estos tres ámbitos.

Marketing y pobreza

Uno de los grandes desafíos del siglo XXI será el de ocuparse de la pobreza mundial que es una epidemia que afecta a millones de personas en nuestro planeta. Alrededor de 4 mil millones de personas, aproximadamente dos tercios de la población mundial, viven con menos de 1.000 dólares al año. Son 8 veces más que aquellos que ganan 10.000 dólares o más al año.

En el mundo, 1.400 millones de personas sufren pobreza extrema, y según Naciones Unidas, casi 900 millones sufren hambre, no tienen acceso al agua potable y a otros servicios básicos como la salud y la educación, y viven una existencia donde la exclusión y la discriminación son protagonistas.

Hoy es un hecho demostrado que el crecimiento económico de un país está muy relacionado con la creación de nuevas empresas en ese país, y el emprendimiento empresarial puede constituir un poderoso medio de reducción de la pobreza (Rahul, 2002).

Como se ha observado en el campo de las finanzas, donde el desarrollo del micro-crédito ha contribuido de manera significativa a facilitar el emprendimiento empresarial en los países pobres, ¿no deberíamos nosotros, los intelectuales y profesionales del marketing, desarrollar también formas de marketing de bajo costo o marketing “básico”, tanto en el marketing estratégico como en el operativo, para darle a los emprendedores empresariales de los países pobres los instrumentos apropiados de esta disciplina?

En resumen, los valores emergentes en el mundo corporativo colocan el debate sobre accionistas versus grupos de interés en una nueva perspectiva, y sugieren que existe una creciente convergencia entre el modelo de los accionistas y el modelo de los grupos de interés. Nuestra visión puede resumirse como sigue:

• El enfoque del accionista es la piedra fundamental del sistema de economía de mercado, y debe ser claramente reafirmado: la función de la empresa es crear valor para el accionista. Desafiar esta visión es como dispararse en el propio pie y minar la credibilidad del sistema capitalista y la confianza de los inversores

• En una economía de mercado competitiva, no hay otra manera para generar valor para el accionista que creando primero valor para el cliente. Mucha evidencia empírica contundente apoya la proposición de que la satisfacción del cliente genera valor para el accionista. Así, el objetivo de la satisfacción del cliente debería ser la preocupación central de la empresa, adoptando la filosofía de negocios de orientación al mercado.

• Los clientes actuales son más demandantes en su reconocimiento de valor. No quieren tener sentimientos de culpa en su consumo. Esperan que las empresas o las marcas con las que conviven satisfagan criterios de buen comportamiento, tales como la ecología de los productos, una buena práctica social y humana, un compromiso político y estratégico, una conducta ética etc.

Entonces, es el objetivo de satisfacer al cliente lo que eventualmente lleve (fuerce) a las empresas a adoptar el enfoque de los grupos de interés, y la empresa orientada al mercado adoptará con gusto este enfoque porque contribuirá a aumentar el valor para el accionista.

Implicaciones de la gestión orientada al mercado

Dentro de la economía globalizada, el marketing estratégico cumple más que nunca una función social. Sigue siendo el mejor mecanismo para ajustar la demanda a la oferta, pero también provoca un círculo virtuoso de desarrollo económico y social, reforzado actualmente por los cambios sociales, culturales y tecnológicos que se observan en el mercado. Estas evoluciones en la economía global interconectada crean las condiciones para ser optimistas respecto de su contribución a una economía de mercado más democrática y transparente, basada en nuevos valores. En este nuevo entorno, las autoridades nacionales y supranacionales juegan una función clave: monitorear y controlar las iniciativas adoptadas para satisfacer las necesidades emergentes, con el objetivo de reconciliar la eficiencia del mercado con los imperativos de una función social.

¿Qué podemos hacer los educadores para contribuir a que haya un mundo más justo?

Un profesor universitario tiene el privilegio de poder interactuar cada año con quienes serán los protagonistas del futuro.

Por ello, entiendo que mi trabajo como educador no debe limitarse sólo a los aspectos técnicos de mi enseñanza, sino que he de contribuir con el ejemplo a que mis alumnos acaben siendo ciudadanos responsables.

Es una vergüenza y es inaceptable que en el siglo XXI siga habiendo tanta desigualdad, violencia y miseria, tanto en países lejanos y en vía de desarrollo, como también en nuestros pueblos y ciudades.

Y los alumnos, que son el futuro de nuestro planeta, pueden y deben contribuir a construir un mundo mejor y más justo para todos

En este sentido, me enorgullece pertenecer a una universidad y a una escuela de negocios cuyo objetivo es sí formar a los mejores profesionales del mundo, pero, sobre todo—y esto creo que es lo relevante—a los mejores profesionales para el mundo.

¡Muchas gracias!