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Superjefe: es solo una cuestión de actitud

Nota escrita por Carlos Javier Delgado, profesor de Marketing Estratégico de nuestro Diplomado en Gestión Gerencial, publicada el domingo 6 de abril en la edición impresa de la sección Negocios de La Voz del Interior.

 

Hace algunos años la consultora británica Vantage Hill Partners realizó un estudio entre más de un centenar de CEOs a nivel mundial, con el propósito de identificar cuál es el mayor temor que enfrenta un directivo empresarial en el desarrollo de sus tareas. El resultado no pudo ser más contundente: los CEOs le temen a ser considerados incompetentes.

La investigación reveló que este miedo a no estar a la altura del cargo, a ser tenidos por otros como «impostores» (los investigadores usan esta expresión a partir del denominado «síndrome del impostor», acuñado por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes a finales de los 70s), degenera en una notable pérdida de confianza por parte de los directivos, y a su vez, en un deterioro progresivo de las relaciones laborales e interpersonales con sus pares y con sus equipos de trabajo. Básicamente se trata de un círculo vicioso que se blinda a sí mismo.

Sin embargo, en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo (un mundo VUCA, como se lo conoce por su acrónimo en inglés), donde los cambios tecnológicos son una constante que se sucede cada vez con mayor velocidad y repentismo, y donde los patrones culturales están siendo modificados en extremo por las nuevas generaciones que acceden al mundo laboral, es difícil —por no decir imposible— que una persona pueda llegar a ser absolutamente competente en todas las materias que hacen al oficio de dirigir y tomar decisiones.

El temor a sentirse incapaces es por dialéctica un miedo a que otros puedan ser mejores que uno mismo. Visto desde esa perspectiva, el otro deja de ser un aliado y se transforma en una amenaza, en alguien de quien hace falta defenderse. Lo irónico de esta apreciación, radica justamente en que la tarea de un manager no consiste en ser el más capaz o en tener todas las respuestas, sino en saber aprovechar y potenciar lo mejor de todos cuantos hacen parte de su organización.

En ese sentido, la gran innovación en management de nuestro tiempo no pasa por el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a los procesos de toma de decisiones o por la concepción de modelos de gestión fuera de lo común. No, la gran innovación en management es (y ha de ser) esencialmente actitudinal. Dicho en palabras de Sydney Finkelstein, profesor de Tuck School of Business, el directivo debe aceptar el desafío de convertirse en un «superjefe».

Para Finkelstein —quien investigó por años las características que tienen en común exitosos referentes del mundo de los negocios como Ralph Lauren, Larry Ellison, George Lucas o Mary Kay Ash—, la diferencia entre un CEO convencional y un superjefe, está dada por el convencimiento que tienen estos últimos de que su legado como directivos no consiste solamente en crear empresas exitosas, sino en entrenar y mentorear a los futuros líderes que habrán de reemplazarlos y que llevarán la organización un paso más allá.

Esta forma de entender el rol directivo, fue expuesta por Jack Ma —el multimillonario fundador de Alí Baba— durante el Foro Económico Mundial de 2016: «si quieres ganar en el siglo 21, tienes que capacitar a los demás, tienes que asegurarte que las otras personas sean mejores que tú, entonces vas a tener éxito».

El gran miedo de un CEO no debería ser creerse incapaz de hacerlo todo; por el contrario, debería ser justamente, creer que puede ser capaz de todo.